Nos vamos del campo de Lagadikia

Este es un post difícil de escribir. Cuesta reflejar sentimientos en papel, y eso es lo que intentamos hacer hoy. Hoy anunciamos que el capítulo de Where Is The Life? en Lagkadikia toca su fin.
Durante estos 8 meses hemos luchado en distintas ocasiones por permanecer en el campo y cubrir la falta de ayuda social que las autoridades y ONGs tradicionales no ofrecían. Desde el inicio de esta crisis, el papel de los voluntari@s independientes ha sido fundamental a la hora de cubrir, desde necesidades básicas hasta soporte social básico, ocio y entretenimiento. Sin embargo, desde la entrada en vigor del tratado de la vergüenza entre EU y Turquía, y el cierre de fronteras el 20 de marzo del 2016, el acceso de los voluntari@s y asociaciones independientes a los campos se ha ido limitando, hasta prácticamente ser anecdótico. En muchos casos, como en el nuestro, ha sido un proceso gradual. Al principio se nos instaba a cooperar con la dirección del campo y las ONGs autorizadas, pero al mismo tiempo, se criticaba nuestra forma de trabajar, se recortaba nuestra libertad de acción y se limitaba nuestro proyecto.
Actualmente, la dirección de Lagkadikia ha decidido aplicar, con toda la contundencia posible, la ley por la cual se regula y prohíbe operar en campos oficiales a toda organización de voluntari@s independientes no registrada en Grecia. Por este motivo nos vemos obligados a abandonar el campo de Lagadikia.
La definición del verbo cooperar es: “Obrar juntamente con otro u otros para la consecución de un fin común”. Convendría recordar a muchas grandes ONGs el significado de esta palabra. Nuestra experiencia en Lagkadikia nos ha enseñado que la estructura rígida de las ONGs convencionales y la distancia que muestran en el trato a los residentes, los aleja de ser una ayuda social real. Se limitan a observar detrás de una valla metálica, y esa lejanía no les deja escuchar lo que los residentes tienen que decir. Durante un tiempo, pensamos que era mejor acceder a las peticiones de los responsables del ministerio y DRC, acatar sus normas con tal de permanecer en el campo y ayudar. Sin embargo, nos teníamos que esforzar más en defender nuestro proyecto, dar explicaciones y sortear problemas con las autoridades del campo, que en realmente ayudar. El chantaje al que nos veíamos sometidos era continuo, mala comunicación, cambios de horarios sin previo aviso que nos dejaban sin acceso a espacios comunes para nuestras clases de inglés y actividades. Nos planteamos sacar nuestro proyecto fuera del campo para tener más libertad de acción, pero todos nuestros intentos por lograr un terreno o recinto en Lagkadikia fueron boicoteados por los responsables del campo y DRC. Incluso al final, después de pactar una salida gradual del campo para finales del mes de marzo, que culminaría con una fiesta de despedida con todos los residentes, las autoridades del campo y DRC faltaron a su palabra. Al cabo de una semana del acuerdo, nos encontramos con que se nos impedía la entrada al campo del campo de una manera prematura, y cuando se preguntó de dónde venía la orden, se pasaron la responsabilidad unas instituciones a otras, DRC, ACNUR y los responsables del ministerio. No comulgamos en absoluto con su manera de actuar y no queremos ser testigos mudos de lo que está sucediendo en los campos de Grecia. Se limita el acceso y se impide el trabajo de voluntari@s independientes sobre el terreno, que cubren necesidades de las que grandes ONGs se preocupan. Al contrario de lo que ellos piensen, tenemos el derecho legítimo de permanecer en los campos y en Grecia, porque estamos dispuestos a ayudar y porque nuestra ayuda es necesaria.
Dejar Lagkadikia nos supone un torbellino de emociones. Cuando llegamos a en julio del año pasado, nunca nos imaginamos llegar tan lejos con este proyecto. Cerramos los ojos y volvemos a ese momento en el que, a petición de los residentes, decidimos construir entre todos la casa de la vida, ese lugar seguro de todos, donde poder reunirse, donde poder ser ellos mismos. Los cimientos de esa casa, no solo fueron los cimientos del proyecto, si no de la familia y comunidad que se logró crear en torno a ella. Ese es nuestro origen, eso es lo que somos y queremos seguir siendo, una gran familia. Creemos en las personas sin importar de donde vengan. Creemos en el trabajo conjunto para construir una nueva comunidad, basada en la integración y el respeto mutuo. Creemos en la labor social cercana, sin barreras ni vallas de alambre. Todo ello nos da la fuerza para seguir adelante e iniciar una nueva y excitante andadura. Nos trasladamos a Thessaloniki para emprender un nuevo proyecto de acompañamiento y soporte social, a través de actividades dirigidas a grupos vulnerables.
Cerramos los ojos de nuevo…volvemos a las clases de inglés bajo los árboles, a los juegos de la tarde y talleres de pulseras, volvemos a bailar, cantar, llorar, reír, a escuchar, a sentir. Todos esos recuerdos están más vivos que nunca. Nos vemos pronto en una nueva aventura ¿Te apuntas?

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This is a difficult post to present. It is tough to express our feelings on paper and this is what we try to do today. Today, we are announcing that the chapter of Where Is The Life? in Lagkadikia has closed.
Over the last 8 months, we have fought on a variety of occasions to ensure our presence in the camp and to fill the vacuum of social needs that the authorities and traditional NGOs have failed to provide. From the outset of this crisis, the role of the independent volunteers has been invaluable for providing everything from basic needs to social support, from free time to entertainment. However, since the implementation of the abominable agreement between the EU and Turkey and the closing of the borders on the 20th of March 2016, the access of independent volunteers and associations into the camps have been limited to the point where it is now practically non-existent. In many cases, such as ours, this process has been gradual. In the beginning, the camp authorities forcefully urged us to cooperate with the authorized NGOs, while simultaneously criticizing our operations, limiting our freedom, and undermining our project.
Currently, the establishment of Lakgadikia has decided to implement, with all possible force, the law that regulates and prohibits the operations of non-registered independent volunteers and organizations within official camps. For this reason, we are sadly obligated to abandon the camp.
The textbook definition of cooperate is “to work together with others to achieve a common goal”. We must be a reminder to the large NGOs of the true meaning of this word. Our experiences in Lagkadikia have impressed upon us this essential truth: the rigid structures of the more common NGOs and the separation they allow between themselves and the residents of their camps can, by no means, be defined as social work. They merely observe from behind the safety of a metallic fence and the separation prevents them from truly hearing the needs of the people. During our time in Lagkadikia, we believed it more beneficial to acquiesce to the requests, and abide by the orders, of both the ministerial authorities and the DRC, to ensure our presence within the camp and allowing us to provide the greatest assistance to those in need. However, this submissiveness resulted in an extensive loss of valuable time, solving problems, explaining and defending our project to the authorities, rather than attending to those who truly deserved our attention. We suffered a continuous barrage of blackmail, misdirection, and purposefully faulty scheduling, which prevented us from obtaining the required times and areas for the much needed activities we desired to offer, including language classes. We sought to move our project from the established camp as a means to obtain greater freedom; however, all our efforts to acquire any properties were subverted by DRC and the camp authorities. Even at the end, those in power continued to display their contempt for our desires. We agreed to a smooth transition over the month of March, following with our final departure from the camp. We obtained permission, prior to our departure from Lagkadikia by the end of the month, to depart with a farewell party with the residents of the camp, those people we called now friends. Yet, even in this, the authorities failed to honor their words. They have forced us out of the camp prematurely, and by so doing, have prevented us from saying our final good-bye. When asking them who had made that decision and why, all of them evaded responsibility, passing the buck between each other, DRC, UNHCR and ministerial authorities. We cannot sit by idly, functioning as silent witnesses, watching without a voice, as those in power abandon the people who have come to Greece as a refuge. Contrary to dictations of the authorities, we have the moral obligation to remain in the camps, to remain in Greece, because we have the ability to help and our help is desperately needed.  
For us, leaving Lagkadikia causes no less than a torrent of emotions. When we arrived last July, we could never imagine how far our project would progress. When we close our eyes, we go back to the moment when, upon hearing the requests of the residents, we set forth, as a community, to build the “House of Life”. This provided a place of safety, where all the people could meet, where all the people could be themselves. The foundation of the building was not simply the foundation of our project, but of the family and community that arose and thrived around our work. This is our soul, this is who we are and who we live to be, a true family. We believe in people, no matter where they come from in life. We believe all people can work together to create a new community based on both mutual respect and the integration of all cultures. We believe in true social work, true contact with the people, work and contact without borders and without fences, both actual and symbolic. All these beliefs grant us the strength to continue our fight and enter a new and exciting period. We have moved to Thessaloniki to initiate a new project focused on some of the most vulnerable people, we aim to provide both social support and diverse activities, with a strong focus on our personal involvement. 
We now close our eyes again. We recall the English classes we gave under the trees. We remember the afternoon games and bracelets workshops. In our hearts, we continually dance, we sing, we laugh, we listen, we feel. These memories are now more alive than ever and we see each other in a new adventure. 
Will you join us?

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Publicado por

Blog WITL

Where is the life? es un proyecto de voluntariado independiente en solidaridad con personas (No)Refugiadas en Grecia. Colabora con el proyecto! ES77 1491 0001 20 3000074908 *Para donativos superiores a 100€, contactar con mynameisnotrefugee@gmail.com

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